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Tamara Falcó o cómo una ultraderechista española se convirtió en una estrella mediática

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Photo by Saksham Choudhary on Pexels.com

Controlar la mente, hackear literalmente los cerebros, fue un proyecto de los servicios de inteligencia norteamericanos que recibió el nombre de ‘MK-Ultra’. Eran los años 1950 y, aunque la propaganda y la desinformación habían alcanzado unas cotas inimaginables unas décadas antes, había una parte de la humanidad que se resistía. Y no solo porque existiera un mundo bipolar en el mapamundi, sino porque la confrontación ideológica acontecía en cada esquina, en cada fábrica, en cada bar. Todavía no había caído el Telón de Acero ni habían llegado los grandes gigantes tecnológicos (Facebook, Google, Amazon, Apple y Microsoft) que convertirían las ensoñaciones de la CIA en una tétrica realidad sin que la CIA estuviera detrás: ahora el Gobierno son ellos. Basta con que sustituyan ‘MK-Ultra’ por ‘Cambridge Analytica’ y habrán abierto una puerta que va mucho más allá de influir en el voto de los incautos ciudadanos. El Gran Hermano Capitalista lo escucha casi todo, lo sabe casi todo. E incluso es capaz de predecirlo.

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¿El futuro se hipoteca por pan? La lectura que nadie admite sobre el ascenso de la ultraderecha en Italia

En estos momentos, no son pocos los que se preguntan por qué Europa se está escorando a la ultraderecha y qué se puede hacer para detener o revertir el movimiento. Y el problema no son las respuestas, el problema es la respuesta. La respuesta que no queremos leer ni comprender.

Fíjense, hoy en el diario El País, Enric González achacaba el triunfo de la ultraderecha a la desconfianza de la sociedad, lo que le hace consumir líderes políticos con ansiedad. Una versión que reparte las culpas entre la ciudadanía y los partidos políticos. Concita de Gregorio Borràs, en el mismo diario, culpaba a la clase política italiana de izquierdas por no hacer política y entregarse a la tecnocracia. En ambos casos, concluyen lo mismo: los italianos han votado ultraderecha por probar. Menos mal que Hitler no se presenta a unas elecciones en Alemania, porque Giorgia Meloni es una reconocida admiradora de Mussolini. Así está el patio.

Sin embargo, dando por cierto los anteriores y muchos otros argumentos, es muy probable que todo sea más sencillo de lo que muchas veces cavilamos. Creo que, al final, los italianos, como casi todos, son —somos— mucho más primarios de lo que muchos pretenden.

Seres primarios 

Porque, al final, según mi experiencia, todo se reduce a lo mismo: el pan. Los italianos —como nosotros— están dispuestos a pasar por muchas cosas, pero que nadie les quite el pan.

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